Des del famós Discurs a la nació europea de Benda (1933), la unitat d’Europa es veu com el pas inicial cap a un món sense nacionalitats emotives. La integració econòmica havia inserir-se en un marc moral, amb una concepció d’identitat col·lectiva, en què la voluntat quotidiana de pertinença supera la memòria comuna. Aquest discurs cobra vigència davant les eleccions al Parlament Europeu de 2014, quan la perdurabilitat del sistema polític europeu demanda que la participació es redirigeixi des dels Estats a la UE.
EVA EN EUROPA
Making up a citizen-oriented Federal Europe. Eva Peña
martes, 21 de mayo de 2013
Europa desdibuixa el debat polític nacional
Us deixo la meva reflexió setmanal a 50x7 sobre per què i com la política a la Unió Europea empobreix el debat polític domèstic als Estats membres.
No obstant això... Continuar llegint
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miércoles, 15 de mayo de 2013
How to deal with ethics and transparency in the EU
If anything, the EU law-making is complex. Some even claim it’s undemocratic, which is far from true, but the lack of transparency has a negative impact on the credibility of the European political system. The EU itself has estimated the real cost of corruption in financial terms, but the political cost in terms of democratic legitimacy and public perception of the EU is much more relevant. In recent years there have been some corruption scandals...
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* Source: One Europe
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miércoles, 8 de mayo de 2013
Italia y el fenómeno Grillo: ¿Rebeldía o sensatez?
[Extracto de mi artículo en 50x7]
En el artículo se analiza el fenómeno de los partidos de tinte populista, como el movimiento Cinque Stelle en Italia, defendiendo la tesis de que el éxito de esta fuerza no reside en un plan económico alternativo y creíble, sino en la percepción de que las elites italianas han tenido un comportamiento depredador e ineficiente. Es el voto de castigo a la práctica clientelar, favorecida por un sistema institucional en esclerosis, análoga a la que despunta en España. Todo ello en el contexto de la oleada de sobresaltos políticos en torno al euro ha instalado en el imaginario común la obsesión por el presupuesto equilibrado, lanzando un mensaje incompleto y preocupante sobre las consecuencias de pertenecer a la UE.
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En el artículo se analiza el fenómeno de los partidos de tinte populista, como el movimiento Cinque Stelle en Italia, defendiendo la tesis de que el éxito de esta fuerza no reside en un plan económico alternativo y creíble, sino en la percepción de que las elites italianas han tenido un comportamiento depredador e ineficiente. Es el voto de castigo a la práctica clientelar, favorecida por un sistema institucional en esclerosis, análoga a la que despunta en España. Todo ello en el contexto de la oleada de sobresaltos políticos en torno al euro ha instalado en el imaginario común la obsesión por el presupuesto equilibrado, lanzando un mensaje incompleto y preocupante sobre las consecuencias de pertenecer a la UE.
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jueves, 18 de abril de 2013
Qué fue de la economía de la gente normal
Ayer, voces autorizadas de la Unión Europea (como el presidente
del Eurogrupo y el supercomisario Rehn) publicaban en NY Times un argumentado
artículo de opinión, defendiendo tanto las medidas tomadas para resolver la
crisis del euro, como las consecuencias de las mismas. El mensaje oficial es
que la zona euro va en la buena dirección y que se están corrigiendo la fragmentación
bancaria y la espiral de deuda. Ahora bien, no hay nada prometedor en el texto, al margen de citar algunas cifras
que el Banco Europeo de Inversiones va a poner en circulación para inyectar
dinero en la economía productiva. Como yo suelo decir, la economía de la gente normal, la de aquel que se levanta y se niega a quedarse atontado en casa, el que quiere una vida mejor... Lo cierto es que institucionalmente sólo se
está atajando el problema macroeconómico, y no el del ciudadano.
La coincidencia histórica de la puesta en circulación del
euro, hace ya once años, con la era de la gran apertura de los mercados
financieros mundiales ha tenido consecuencias funestas que todos conocemos, a
saber, la creación de constantes burbujas, sean inmobiliarias, financieras,
tecnológicas, etc. Lo cierto es que todas estas burbujas no serían posibles sin
esa gran apertura de los mercados financieros, dicho de otro modo, sin la gran liberalización
y desregulación de las finanzas, que propicia que personas y entidades bastante
opacas jueguen con el dinero y lo multipliquen sin generar ningún tipo de valor
añadido.
En uno de sus últimos encuentros con Hollande, Merkel dijo
que uno de sus grandes retos políticos era conseguir que los mercados
financieros no volvieran a caer en los mismos errores. Las intenciones son
loables, pero a fecha de hoy, no se ha tomado ninguna medida en esa dirección. Al
contrario, se está atajando el problema de la deuda, se maquillan las cifras
del déficit para calmar a los acreedores y entretanto las economías europeas se
van paralizando, y algunas están ya prácticamente al borde del ahogo. Entretanto,
los paraísos fiscales siguen existiendo, los mercados financieros siguen
especulando y parece que nunca pierden. Incluso algunas reestructuraciones les
salen rentables, al menos más rentable que al ciudadano medio, y a las pruebas
me remito, véase las consecuencias de los recortes en los países intervenidos.
Oficialmente, la UE sigue siendo una "economía social de mercado", pero ni siquiera desde las instituciones se da contenido a ese mantra. Para colmo de males, tras el rescate bancario chipriota, se
abre la veda a las quiebras bancarias, olvidando que el dinero de los bancos es
de los ciudadanos. Cuando un banco cae, se perjudica al depositante, que puede
ser también un ciudadano medio o un pequeño ahorrador, tan respetable como todo
contribuyente. Mientras la sombra de la corrupción, la evasión y el despilfarro
sigue ensombreciendo la realidad política, no sólo en España, el ciudadano tiene
que asimilar su dosis de morfina vía recortes y resignación.
No hay ser humano al que no haya dejado exhausto la cruel exprimidora de la austeridad y la subida de impuestos. Algunos han ganado
mucho con la eurocrisis, los actores del mercado financiero especulando con los bonos periféricos unos, y los Estados miembros del grupo líder (Alemania sobre todo) financiándose a coste cero. ¿A quién interesa, en estas circunstancias ganadoras
(no para el ciudadano medio), que la economía vuelva a su cauce? Tal vez va
siendo hora de cambiar el foco de la macroeconomía a la economía real.
Este debate lo tienen que plantear los partidos políticos ante las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, y los ciudadanos debemos exigir un cambio de perspectiva. Estamos tan cansados de los mensajes automáticos de los políticos, como de la tensión artificial que fomentan los grupos mediáticos para fomentar la confrontación (sea norte-sur, sea ricos-pobres) que enciende a la gente y ayuda a vender periódicos. Yo llegué a creer que tras esta gigantesca crisis, el modelo de sociedad iba a transformarse de verdad, que cada uno sería responsable de sus hechos, que la economía sería un medio para alcanzar una sociedad más justa, pero temo que volvamos a lo de siempre.
Este debate lo tienen que plantear los partidos políticos ante las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, y los ciudadanos debemos exigir un cambio de perspectiva. Estamos tan cansados de los mensajes automáticos de los políticos, como de la tensión artificial que fomentan los grupos mediáticos para fomentar la confrontación (sea norte-sur, sea ricos-pobres) que enciende a la gente y ayuda a vender periódicos. Yo llegué a creer que tras esta gigantesca crisis, el modelo de sociedad iba a transformarse de verdad, que cada uno sería responsable de sus hechos, que la economía sería un medio para alcanzar una sociedad más justa, pero temo que volvamos a lo de siempre.
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miércoles, 10 de abril de 2013
Debate imprescindible: ¿Cuál debe ser el papel del BCE?
Hace ya días que Mario Draghi viene revelando intenciones. En la reunión del 4 de abril lamentó insistentemente que el Banco Central Europeo no disponga de margen de maniobra para estimular la economía en la zona euro y ampliar sus inyecciones de liquidez. Draghi se siente incómodo ante su propia incapacidad para hacer aportaciones capital "allí donde no existe". Estas declaraciones vienen animadas también por la compra de deuda masiva que ha efectuado el Banco Japón. Según los tratados europeos dicha maniobra sería imposible, dado que el mandato del BCE es contener la inflación, y se considera que la expansión monetaria es perjudicial. Pero ya hay precedentes. El último fue la operación de compra de deuda OMT (Outright Monetary Transaction) del pasado otoño, tanto de Italia como de España, con el consecuente descenso de la prima de riesgo de estos países y cierto alivio financiero.
Cuenta también Draghi con el beneplácito del FMI, organismo que asegura que las expansiones monetarias que se han producido, sobre todo en Estados Unidos (la famosa inyección de la Fed), no han ocasionado tensiones inflacionistas importantes. Conocemos que el FMI es muy partidario de estimular la demanda, posición que trata de compatibilizar con la imposición de restricciones sobre el gasto público en los países intervenidos por la troika. Aunque parezca contradictorio que el BCE, en tanto que miembro de esa troika, imponga la austeridad y defienda el estímulo monetario, lo cierto es que Draghi nunca ha ocultado sus preferencias incluso por la adquisición directa de deuda de los Estados miembros. La realidad es que estas son las actitudes que gustan en los mercados y las bolsas agradecen.
Pero Merkel, y los partidarios de la ortodoxia monetaria, consideran que son los gobiernos de los Estados miembros los que han de cumplir, reformar y conseguir sanear sus economías, y no una institución como el BCE la que debe estimular la actividad económica. De una forma un tanto disfrazada, se trata de la clásica dicotomía entre el estímulo y la ortodoxia, o entre keynesianismo y liberalismo, si lo prefieren.
A estas alturas de la crisis del euro, ya ha calado en la ciudadanía el mensaje de que el euro va a sobrevivir, pero del mismo modo ha calado la idea de que la ortodoxia alemana es la culpable de los recortes sociales. ¿Es esto cierto? Lo cierto es que la periferia ha vivido crisis políticas a nivel doméstico muy fuertes, que Grecia ofreció resistencia, que Portugal este mismo fin de semana ha votado contra las medidas de austeridad y que las imposiciones del Eurogrupo o de la troika cada vez son más contestadas por la opinión pública. Hasta tal punto que el debate Norte-Sur se exacerba, generando una tensión que, siendo "ficticia", podría llegar a convertirse en una amenaza para la idea de la Europa integrada.
Por ello es una irresponsabilidad no dar un paso al frente, y en ese paso, obviamente la ciudadanía tiene mucho que decir. Evidentemente ha de haber una reacción económica, y para ello las economías que están debilitadas han de disponer de un margen, faltan medios para recuperar la actividad económica, y es falta de capital (y no precisamente capital humano). La periferia está sometida desde hace años a políticas anti-crisis destinadas a preservar el euro. Ello implica un juego de malabares que combina el bajo tipo de interés (medida que estimula la economía), con una contención del gasto público (para que los Estados puedan financiarse en los mercados a mejor precio). Pero al margen de la política monetaria, ante la que los gobiernos poco pueden hacer, lo cierto es que el bien público compartido por los europeos está en juego, mientras va creciendo la sensación de que el estado del bienestar está condenado a reducirse a la mínima expresión.
Las instituciones de la UE pasan por un mal momento. La Comisión se visibiliza como un simple guardián que debe asegurarse de que los Estados miembros hacen los deberes solitos. Los movimientos antieuropeístas han pasado del viejo mantra de culpar a la UE por su excesiva burocratización, a cuestionar su verdadera autoridad política. Curiosa contradicción.
Los mandatos del Tratado abogan por la economía social de mercado, pero parecen haber salido de la agenda de prioridades, cuando en realidad ese sistema de bienestar da carta de naturaleza y ha de ser protegido por un gobierno común de la UE. Ese es el debate real de fondo en la dicotomía ideológica entre la austeridad y el estímulo.
¿Cuáles son las preferencias reales del ciudadano de a pie? Probablemente no hay unanimidad, pero tantos años de crisis, de empobrecimiento, de contención... cada vez encuentran peor justificación. Se hace más difícil justificar políticamente la ausencia del estímulo. El proyecto de la unión monetaria corre el riesgo de convertirse en un proyecto político al servicio de unos intereses totalmente opacos para el ciudadano. Siendo así, no tendría ningún sentido apostar por mantenernos en él. El poder del euro como símbolo está muy dañado y muchos no estarán dispuestos a mostrar una fe ciega en la moneda común.
Algún día sabremos si la excesiva influencia de Alemania es más percibida que real, pero las élites europeas no están siendo capaces de corregir esa creciente percepción entre la ciudadanía de que el empobrecimiento y la austeridad son el precio a pagar por el euro. La ausencia de estímulo se relaciona directamente con la parálisis económica y ese es un precio tan caro que se convierte, paradójicamente, en la principal amenaza para el proyecto de integración europea.
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miércoles, 27 de marzo de 2013
Are we ready for a transatlantic marketplace?
With the rising importance of global production chains and international firms, the logic for a transatlantic agreement seems compelling. The EU and the US enjoy the most integrated economic relationship in the world, and both account together for about half (47%) the entire world GDP and for nearly a third of world trade flows. Both countries need new sources of grow, and see the Agreement as an incentive for their economies.
Although the EU and the US are relatively open towards each other in terms of investment and trade (as reflected in relatively low levels for tariffs), there are several forms of domestic regulations on both sides of the Atlantic that still constitute important impediments to transatlantic trade. Whereas Europe champions openness, the US and other commercial partners are increasingly passing protectionist laws at home, like the American Recovery and Reinvestment Act of 2009, which generates a protectionist-like outcome.
martes, 26 de marzo de 2013
Chipre: la última crisis del euro
La intervención en Chipre era inevitable, ya que el sistema bancario
de la isla aunaba una falta de liquidez con una crisis de solvencia. Chipre
había sufrido las consecuencias de la reestructuración de los bancos griegos,
aunque se intentó evitar la intervención europea hasta pasadas las elecciones
chipriotas en febrero. El acuerdo de la madrugada del 16 de marzo contemplaba
un rescate, amparado por la troika (EU, FMI y BCE), que imponía una tasa sobre
todos los depositantes en bancos chipriotas. La noche del 17 de marzo se
rectificó. Alguien presionó para que los depositantes pequeños quedaran exentos,
no así los grandes depositantes, considerados objeto clave del acuerdo, y con
conexiones rusas, para más señas.
El presidente chipriota estaba incómodo con la idea de penalizar a los
inversores extranjeros y, paradojas, pidió castigar a todo depositante, también
a los pequeños.
Esa postura evidenció lo que sospechábamos, que el modelo económico de
Chipre se basa en un sistema bancario sobredimensionado, algo parecido a lo que
sucede en Luxemburgo.
La posición de Anastasiadis fue avalada incluso por Merkel,
tal vez minusvalorando el riesgo que supondría amenazar la seguridad de los
depósitos, aplicando tasas confiscatorias, por ejemplo sobre las clases medias,
no sólo en Chipre, sino en toda la periferia.
Había antecedentes similares, ya que en noviembre de 2010 se intentó
lo mismo en Irlanda, donde la troika intentó penalizar a los depositantes de
los bancos fallidos. Finalmente, igual que en Chipre, no se aplicó la medida. Es
pertinente recordar que en España el FROB garantiza hasta 100.000 euros por
depósito, cifra calcada en los otros Estados miembros del euro, y que por tanto
está armonizada. Hasta este mandamiento llegó a ponerse en cuestión durante el
tenso fin de semana del 16 de marzo…
Sea como fuere, la presión mediática hacía casi inviable el plan
acordado en el Eurogrupo el sábado, y no sorprendió demasiado que el parlamento
chipriota lo rechazara el domingo.
La imagen del parlamento chipriota votando era un dardo envenenado,
tanto hacia el sistema decisorio en la Eurozona, como hacia Alemania,
acrecentando esa percepción de la brecha entre países acreedores y deudores.
Finalmente, el 24 de marzo se alcanza el acuerdo final, que contempla una
solución mixta, que incluye la intervención de la troika, se liberan 10.000
millones de euros para que Chipre pueda financiarse en los mercados y se penaliza
hasta el 30% para los grandes depositantes.
Ante estos hechos, cabe preguntarse qué fue del compromiso sobre la
unión bancaria y el acuerdo para crear el Mecanismo Único de Supervisión (SSM,
por sus siglas en inglés), llamado a garantizar el sistema bancario de la zona
euro, evitando los riesgos de fuga de capitales y los tan temidos “corralitos”.
Ahora bien, hemos de ser conscientes de que probablemente los países
acreedores todavía no están lo suficientemente maduros como para comprometerse
con esa unión bancaria, en tanto en cuanto ésta implicaría la recapitalización de
bancos “dudosos”, como algunos de los bancos chipriotas sin ir más lejos.
Se trata de la presión mediática y de esa brecha psicológica entre cumplidores e incumplidores que ha ido calando en el imaginario colectivo europeo.
Está
por ver si los bancos serán capaces de recapitalizarse a través de los mercados
(incluyendo pérdidas y reestructuración) y cuánto tiempo durará ese proceso.
Se entiende que para poder llegar al seguro de depósitos común y a la unión
bancaria, primero hay que sanear los bancos y corregir su sobredimensionamiento.
En principio, esto es lo que afrontan ahora las entidades chipriotas y, por ende,
podemos arriesgarnos a afirmar que Chipre será el último episodio de la
eurocrisis, dado que (y gracias al episodio chipriota) el seguro de depósitos
europeo pasará a ser el primer punto en la agenda de la unión bancaria
(posiblemente incluya control de capitales).
El objeto definitivo de la unión
bancaria será separar ese estrecho y peligroso vínculo entre bancos y
gobiernos. Sólo cuando se rompa ese círculo vicioso, podrá superarse la crisis
de deuda y normalizarse el mercado de la deuda soberana en la zona euro. En este
sentido, Chipre marca un inicio y podría ser el último episodio de la
eurocrisis.
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miércoles, 20 de marzo de 2013
La troika vista desde la periferia
En el desarrollo de
la eurocrisis, el episodio chipriota no puede decirse que fuera inesperado,
pero llega en el peor momento y en la peor de las formas. En verano ya se rumoreó un rescate, pero el Eurogrupo de Juncker esperó, tal vez alentado por la calma en los mercados, tal vez esperando los comicios en la isla. Este 2013 empezaba
con la promesa de una Unión Bancaria y unos mercados tranquilizados, aflojando
el ataque especulativo a que nos tenían acostumbrados en la periferia,
especialmente encarnizado contra España e Italia desde el verano pasado. Ni
España ni Italia están intervenidas oficialmente, aunque sufren las consecuencias
de las políticas de austeridad que se dictan desde el entorno de Bruselas.
Chipre se unió a la
Eurozona en 2008, representa apenas el 0,2 % de la economía de la UE, y tiene
algo más de 800.000 habitantes (como una capital de provincia mediana), sin
contar la República Turca del Norte de Chipre, solo reconocida por Turquía, y
que está fuera del euro. Su adhesión se produjo tras la aprobación por parte
del FMI de sus cuentas y su sistema bancario. Evidentemente, no hay
responsables directos de ello, y respondería más bien a la obsesión
expansionista de los decisores.
Desde 2008 el deterioro de la solvencia
bancaria chipriota ha sido creciente, y el del empleo, que ha pasado del 4% al
12% actual. Estos desequilibrios económicos son similares a los observados en
la periferia de la zona euro. Mientras Grecia, Portugal e Irlanda se han
sometido al mando de la troika (Comisión, FMI y BCE), en el caso chipriota se optó inicialmente por inyectar 10.000 millones de euros para salvar a la ahogada banca
(expuesta en depósitos griegos entre otros) y poder evitar la quiebra de bancos
y la incapacidad financiera del propio Estado.
Así, dada las reducidas dimensiones de la economía chipriota, en lugar del rescate estándar, el
Eurogrupo, la noche del viernes pasado, propuso la penalización del ahorro
privado como mal menor, estableciendo entonces una tasa única del 9,9% para los
depósitos de más de 100.000 euros, afectando a unos depositantes con poder
adquisitivo elevado (y con dudas y rumores sobre la dimensión del blanqueo de dinero) especialmente rusos. También se proponía una tasa del 6,5% a los ahorradores con menos de 100.000 euros. Se trata de un impuesto y no de un
rescate, o de un rescate interno a la banca (bail-in), pero en caso alguno de
una intervención como las que se han producido en Grecia, Portugal e Irlanda.
Los críticos apuntan
a que, medidas así, condenan al euro a ser una moneda deflacionaria, al confiscar
parte de sus fondos a los ahorradores. Ello por no hablar del riesgo de que se
acelere la fuga de depósitos en otros países de la periferia. Sin embargo, la medida podría ser un mal menor. En la reunión del lunes se retiró la tasa para los depósitos de menos de 100.000 euros, según rumores sin confirmar, a instancias de algunos Estados miembros (como España) e incluso de la propia Comisión.
No es nada grato
ver cómo se confisca parte de los ahorros de la gente, pero, como dijo Schäuble
anoche en un medio alemán: “hay dos grandes bancos chipriotas en quiebra”, para
acto seguido confirmar que Chipre no puede financiarse en los mercados, que su
sistema bancario está totalmente expuesto y que o bien se las apañan ellos, o
tendrán que someterse a los ajustes estructurales que marca la troika. Dicho en
Román paladino, alguien tiene que pagar.
La noche de ayer martes, el Parlamento chipriota vota en contra de la decisión, probablemente presionado por el escándalo público y el cierre de los bancos durante dos días consecutivos. No me cabe duda de que los parlamentarios son conscientes de lo que supondría un rescate y la dolorosa intervención de la troika, pero no es descartable que jueguen a forzar la situación.
No sé hasta qué punto es entendible que prefieran una intervención, que penaliza el crecimiento, a un impuesto bancario, que sí, es negativo pues tiene impacto sobre el ahorro, pero no sobre el trabajo. Cierto que es la medida no es la deseable, ya que la penalización sobre el ahorrador tiene un efecto psicológico pernicioso sobre la demanda y el consumo, pero sorprende que olviden que todas las economías de la Eurozona han de someterse a ajustes para corregir sus posiciones fiscales, y que esto produce devaluaciones internas y empobrecimiento generalizado.
No sé hasta qué punto es entendible que prefieran una intervención, que penaliza el crecimiento, a un impuesto bancario, que sí, es negativo pues tiene impacto sobre el ahorro, pero no sobre el trabajo. Cierto que es la medida no es la deseable, ya que la penalización sobre el ahorrador tiene un efecto psicológico pernicioso sobre la demanda y el consumo, pero sorprende que olviden que todas las economías de la Eurozona han de someterse a ajustes para corregir sus posiciones fiscales, y que esto produce devaluaciones internas y empobrecimiento generalizado.
Otra cuestión es si
los ciudadanos están dispuestos a asumir la ideología que hay tras esos
ajustes. Si algo es cierto es que en la Unión Económica y Monetaria ha habido
una obsesión por la norma del déficit público, pero las medidas de austeridad
draconianas que supervisa la troika van mucho más allá, y se han venido justificando en el
pánico irracional que se produjo en los mercados de deuda. Por ahora, no se han justificado con éxitos económicos.
Con estos sustos, la
asimetría se reaviva, y lo vemos al observar los datos de la Bolsa, la prima de
riesgo española e italiana al alza desde que se tomó la medida de Chipre. Sigue
el oscurantismo de las reuniones de los Ministros de Economía, y la sensación
de improvisar sobre la marcha, sin entendimiento entre los Estados miembros, y
con la Comisión y el BCE de comparsas en una toma de decisiones del todo punto
inflexible. El resultado es la ausencia de credibilidad institucional, en un
contexto de austeridad fiscal que no termina de dar resultados, cuando cada mes
se supera el record de desempleo del mes precedente, creando un escenario
socialmente insostenible, en el que los costes se pagan vía contribuyente,
incluidos pensionistas y empleados públicos, mientras el crecimiento se está
resistiendo. No sé hasta cuándo la opinión pública aceptará la austeridad “orientada
al crecimiento” que proclama la troika, cuando toda la carga del ajuste recae
justamente sobre una parte de la Eurozona, que es justamente la periferia.
Este viernes
volverá a reunirse el Eurogrupo, y Chipre tendrá que acabar sometiéndose al
régimen draconiano a la griega, aunque tímidamente amague con la carta rusa,
para librarse del efecto troika. Entretanto, y no por casualidad, ayer se selló
un acuerdo trilateral con las normas de funcionamiento del Mecanismo Único de Supervisión, destinado a la resolución de crisis bancarias (ojo, que lo deben
aprobar todos los Estados miembros) y que se aplicará vía Directiva de la
Comisión este verano y tendrá que incluirse en los tratados. Sabemos que
las cosas de palacio van despacio. El gobierno chipriota, a las pocas semanas
de llegar al poder, se entrega a los dictados de Bruselas, austeridad a granel,
descontento social y paciencia infinita. Posiblemente se salve a la periferia de la
temida fuga de depósitos, pero el proyecto del euro tendrá una herida de guerra
más.
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viernes, 8 de marzo de 2013
Nuevos dilemas de la política exterior europea
Casi nadie niega la
evidencia de una necesidad de alcanzar un grado de integración en seguridad y
defensa que supere la actual cooperación. Sin embargo, en la UE no existe una
articulación política capaz de implementar esa unidad en la voz exterior, en el
supuesto de que la ciudadanía estuviera dispuesta a aceptarlo. Los intereses
nacionales debilitan un escenario decisorio, en que vale la pena invertir
tendencias. El fracaso de las operaciones militares en Libia en 2011 es sólo un
ejemplo de tensión política, sin que exista una aparente o evidente tensión
ante la opinión pública, del mismo modo que las intervenciones conjuntas de
Francia y Reino Unido en África podrían dar carta de naturaleza al valor añadido de la
integración en materia militar. Europa ha de ser audaz en política exterior.
¿Se puede definir institucionalmente la relevancia de la UE como actor global?
La dimensión normativa es crucial, pero el potencial de realización en términos de gobernanza y espacio público europeo en las áreas de defensa y seguridad es cuestionable, en tanto en cuanto existe un déficit de transparencia. La reforma empieza por dotarse de capacidad e instrumentos. En la Unión Económica y Monetaria se están resolviendo las carencias institucionales. Pero no existe un desarrollo paralelo en el pilar de la política exterior. Tampoco en los asuntos de interior, donde resurge con fuerza el debate del cierre de fronteras, con el Tratado de Schengen puesto en cuestión. Por si fuera poco, de puertas adentro, no podemos ignorar los posibles riesgos por el surgimiento de las polaridades, a través de las subuniones dentro de la UE, como el grupo de Visegrado (hoy noticia por la incorporación de Merkel y Hollande), o las alianzas Mediterránea y Báltica.
Políticas multidimensionales
Y el eterno y gran dilema de la dependencia energética. Rusia y Turquía son los países clave, junto con la cuenca sur del Mediterráneo, y en cambio, qué decepcionantes son los avances en la Unión por el Mediterráneo. Hasta que no haya un compromiso europeo para eliminar las barreras energéticas internas, atajar el proteccionismo estatal y abrir el mercado único en ese sector, la dependencia energética seguirá siendo el talón de aquiles para Europa, mientras los europeos seguirán pagando cada vez más cara la factura. Este artículo daba en la diana al resaltar la ventaja estratégica que tienen los Estados Unidos con respecto a Europa, al haber resuelto satisfactoriamente su gestión de la energía.
La naturaleza de la política exterior europea
¿Se puede definir institucionalmente la relevancia de la UE como actor global?
La dimensión normativa es crucial, pero el potencial de realización en términos de gobernanza y espacio público europeo en las áreas de defensa y seguridad es cuestionable, en tanto en cuanto existe un déficit de transparencia. La reforma empieza por dotarse de capacidad e instrumentos. En la Unión Económica y Monetaria se están resolviendo las carencias institucionales. Pero no existe un desarrollo paralelo en el pilar de la política exterior. Tampoco en los asuntos de interior, donde resurge con fuerza el debate del cierre de fronteras, con el Tratado de Schengen puesto en cuestión. Por si fuera poco, de puertas adentro, no podemos ignorar los posibles riesgos por el surgimiento de las polaridades, a través de las subuniones dentro de la UE, como el grupo de Visegrado (hoy noticia por la incorporación de Merkel y Hollande), o las alianzas Mediterránea y Báltica.
No obstante, no debemos minusvalorar
la importancia y el éxito de las ampliaciones que viviremos en esta década, empezando por la
de Croacia el año que viene, concretando el triunfo de la política de vecindad
y la consecución de los valores europeos en las sociedades del Este del
continente.
Políticas multidimensionales
El éxito en las sucesivas ampliaciones revaloriza el proyecto, pero la mastodóntica dimensión de la UE, hace más patente el fracaso de puertas al exterior, y en ello tiene que ver también la propia crisis y la cuestión
presupuestaria, donde el valor añadido que ofrecería una capacidad política
europea se hace evidente en un escenario de drásticos recortes en materia de
defensa en prácticamente todos los Estados miembros de la Unión.
Y el eterno y gran dilema de la dependencia energética. Rusia y Turquía son los países clave, junto con la cuenca sur del Mediterráneo, y en cambio, qué decepcionantes son los avances en la Unión por el Mediterráneo. Hasta que no haya un compromiso europeo para eliminar las barreras energéticas internas, atajar el proteccionismo estatal y abrir el mercado único en ese sector, la dependencia energética seguirá siendo el talón de aquiles para Europa, mientras los europeos seguirán pagando cada vez más cara la factura. Este artículo daba en la diana al resaltar la ventaja estratégica que tienen los Estados Unidos con respecto a Europa, al haber resuelto satisfactoriamente su gestión de la energía.
Así que, además de esa revolución energética interna, hay que sellar los acuerdos exteriores. No sólo el coste
económico es relevante. El coste de los no acuerdos estratégicos y las
disparidades de criterio sobre las intervenciones en países terceros se acaba
haciendo evidente, incluso en las relaciones comerciales, y en todo tipo de
toma de decisiones colectivas europeas.
La historia de un fracaso
Robert Kagan definió a la política de defensa y seguridad de la UE como "el más anémico de los productos de la integración europea". Es la famosa alusión a que Europa es de Venus, mientras que América sería de Marte, metáfora que alude a que la UE era percibida como una especie de paraíso posmoderno, particularmente durante los años noventa, tras la creación de la Unión Europea como tal, con la consagración de la ciudadanía europea en el Tratado de Maastricht.
Ahora bien, si a finales del siglo XX, las aspiraciones de relevancia global europeas estaban en su apogeo, ese nivel de aspiración, con todos los fracasos manifiestos en el haber, recayó en el ostracismo en los últimos años, pero vuelve a estar en boga. La actual coyuntura de superación de la crisis y cambio de gobernanza mundial, junto con una crisis del modelo, y las carencias presupuestarias, llevan a la necesidad de redefinir el modelo europeo en todas sus vertientes.
Los Estados miembros son más conscientes que nunca de su propia debilidad, mientras la capacidad diplomática de éstos se ve totalmente puesta en cuestión. Esa falta de credibilidad en el ámbito diplomático, del mismo modo que ocurre con las operaciones militares, reduce la posibilidad de acuerdos políticos óptimos. Existe, por ello, un desajuste entre las aspiraciones de las grandes naciones de la vieja Europa y si capacidad real de influencia.
En los últimos tiempos se ha cuestionado, incluso, la fiabilidad de la UE como aliado en las acciones exteriores por parte de Estados Unidos. Ahora la UE afronta un largo año de negociaciones para definir un nuevo acuerdo comercial con los Estados Unidos, donde las exigencias del otro lado del Atlántico son elevadísimas, especialmente en relación con la apertura a sus productos agrícolas, algo a lo que ciertos Estados de la UE no están dispuestos. Las negociaciones no serán sencillas, y es una gran paradoja que los dos grandes bloques comerciales del planeta sean incapaces de alcanzar un acuerdo comercial que satisfaga a ambos. Estas negociaciones se inician en un momento de deterioro en la imagen de la Unión Europea como bloque, que siempre acarrea consecuencias políticas, ya que debilita la credibilidad del proyecto en todos los foros de negociación internacionales.
Robert Kagan definió a la política de defensa y seguridad de la UE como "el más anémico de los productos de la integración europea". Es la famosa alusión a que Europa es de Venus, mientras que América sería de Marte, metáfora que alude a que la UE era percibida como una especie de paraíso posmoderno, particularmente durante los años noventa, tras la creación de la Unión Europea como tal, con la consagración de la ciudadanía europea en el Tratado de Maastricht.
Ahora bien, si a finales del siglo XX, las aspiraciones de relevancia global europeas estaban en su apogeo, ese nivel de aspiración, con todos los fracasos manifiestos en el haber, recayó en el ostracismo en los últimos años, pero vuelve a estar en boga. La actual coyuntura de superación de la crisis y cambio de gobernanza mundial, junto con una crisis del modelo, y las carencias presupuestarias, llevan a la necesidad de redefinir el modelo europeo en todas sus vertientes.
Los Estados miembros son más conscientes que nunca de su propia debilidad, mientras la capacidad diplomática de éstos se ve totalmente puesta en cuestión. Esa falta de credibilidad en el ámbito diplomático, del mismo modo que ocurre con las operaciones militares, reduce la posibilidad de acuerdos políticos óptimos. Existe, por ello, un desajuste entre las aspiraciones de las grandes naciones de la vieja Europa y si capacidad real de influencia.
En los últimos tiempos se ha cuestionado, incluso, la fiabilidad de la UE como aliado en las acciones exteriores por parte de Estados Unidos. Ahora la UE afronta un largo año de negociaciones para definir un nuevo acuerdo comercial con los Estados Unidos, donde las exigencias del otro lado del Atlántico son elevadísimas, especialmente en relación con la apertura a sus productos agrícolas, algo a lo que ciertos Estados de la UE no están dispuestos. Las negociaciones no serán sencillas, y es una gran paradoja que los dos grandes bloques comerciales del planeta sean incapaces de alcanzar un acuerdo comercial que satisfaga a ambos. Estas negociaciones se inician en un momento de deterioro en la imagen de la Unión Europea como bloque, que siempre acarrea consecuencias políticas, ya que debilita la credibilidad del proyecto en todos los foros de negociación internacionales.
La naturaleza de la política exterior europea
He argumentado aquí la necesidad de articular los instrumentos políticos. Cierto es que no está demostrado que para articular una política exterior común y creíble, deban existir metanormas que gobiernen las instituciones. La realidad es que hay pocas constituciones en el mundo que entren a detallar la política exterior y de defensa. Como he apuntado al principio de este artículo, habitualmente no hay transparencia en este ámbito político. Ahora bien, en el caso peculiar de la Unión Europea, los tratados de la Unión se han convertido en el tejido del sistema político. Las disposiciones de los tratados en materia de defensa solamente sugieren que debe existir una conexión entre los valores propios de la UE, y la posición común en los foros internacionales. Creemos que debe darse un paso más.
Por ejemplo, Javier Solana realizó una tarea muy relevante en este ámbito, cuando ostentaba el cargo de "Mr PESC" (alto representante de la política exterior). Lo que no impide que se hayan obstruido muchas de las acciones más audaces, demostrando las carencias de la naturaleza híbrida de la política exterior. Sin embargo, el liderazgo poco influye sobre la operativa. Actualmente, el Servicio Europeo de Acción Exterior está llamado a subsanar parte de esas carencias, pero su diseño institucional es imperfecto, y sobre todo no tiene capacidad decisoria, sino más bien un perfil administrativo.
La política exterior, de un modo especial, debe dotarse de coherencia y consistencia para poder tener capacidad de impacto. La irrelevancia de la UE en este campo, debilita el reconocimiento de la UE en todos los demás ámbitos. Por tanto, la UE debe empezar por definir una estrategia exterior común, con una política de alianzas que fije un mínimo común denominador. Se le exige mucho al gigante económico europeo en términos de capacidad política exterior, máxime cuando se pone como modelo de integración (la ASEAN se está basando en la experiencia europea), donde el éxito es innegable, mientras que en materia exterior la fragmentación ha sido obvia y este será posiblemente uno de los focos informativos en meses y años venideros, toda vez la crisis del euro pase a un feliz segundo término. Debemos estar atentos al nuevo proceso constitucional que se emprenderá en la Unión, posiblemente tras las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, para corregir ese desajuste entre la importancia estratégica y la capacidad de influencia real de la Unión y de cada uno de los Estados miembros.
Por ejemplo, Javier Solana realizó una tarea muy relevante en este ámbito, cuando ostentaba el cargo de "Mr PESC" (alto representante de la política exterior). Lo que no impide que se hayan obstruido muchas de las acciones más audaces, demostrando las carencias de la naturaleza híbrida de la política exterior. Sin embargo, el liderazgo poco influye sobre la operativa. Actualmente, el Servicio Europeo de Acción Exterior está llamado a subsanar parte de esas carencias, pero su diseño institucional es imperfecto, y sobre todo no tiene capacidad decisoria, sino más bien un perfil administrativo.
La política exterior, de un modo especial, debe dotarse de coherencia y consistencia para poder tener capacidad de impacto. La irrelevancia de la UE en este campo, debilita el reconocimiento de la UE en todos los demás ámbitos. Por tanto, la UE debe empezar por definir una estrategia exterior común, con una política de alianzas que fije un mínimo común denominador. Se le exige mucho al gigante económico europeo en términos de capacidad política exterior, máxime cuando se pone como modelo de integración (la ASEAN se está basando en la experiencia europea), donde el éxito es innegable, mientras que en materia exterior la fragmentación ha sido obvia y este será posiblemente uno de los focos informativos en meses y años venideros, toda vez la crisis del euro pase a un feliz segundo término. Debemos estar atentos al nuevo proceso constitucional que se emprenderá en la Unión, posiblemente tras las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, para corregir ese desajuste entre la importancia estratégica y la capacidad de influencia real de la Unión y de cada uno de los Estados miembros.
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viernes, 1 de marzo de 2013
Two Europes in one?
The direction of the European system seems pretty clear towards closer integration, but there is a flaw. For critics, the political project is going too far, while some governments want to have a bigger say. Some fear, the idea of More Europe is a threat to their national interest, hence, they want to get more involved in the process. Precisely, this was one of the principles in Cameron’s speech, who hopes to find allies for his claims of exceptionalism.
The British challenge has a lot to do with the idea that it may be easier to negotiate the repatriation of some powers if the negotiations have impact on other Member States as well.
While most members were able to agree, one year ago, a roadmap for moving towards a deeper Economic and Monetary Union, critics point to the issue of legitimacy of political integration, which created a new dilemma. To what extent the citizens like the EU intrusions into the important national issues?
But how and for how long can the EU deal with sub-unions?
On Cameron's paradoxes:
What if Cameron gets concessions from Brussels?
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miércoles, 27 de febrero de 2013
La crisis del euro y sus implicaciones políticas a largo plazo
Paralelamente, se pormenorizan las medidas adoptadas desde el estallido de la crisis financiera global en 2008, incluidos los mecanismos de rescate y los acuerdos políticos dominados por el “mantra” de la contención del endeudamiento. Se incluye una valoración de los errores de diseño de la UEM, y de las decisiones políticas que han minado la credibilidad del euro, lo que comprende un examen del debate académico, así como de las posiciones de los actores estatales y las instituciones de la Unión.
Para superar las carencias técnicas y el escepticismo socioeconómico dominante, sostenemos que la eurozona debe dotarse de credibilidad y visibilidad como actor político autónomo.
Para superar las carencias técnicas y el escepticismo socioeconómico dominante, sostenemos que la eurozona debe dotarse de credibilidad y visibilidad como actor político autónomo.
A partir del relato de la federalización en Estados Unidos, y la consolidación del dólar como moneda única, concluimos que el federalismo nos brinda un marco adecuado para reformar la gobernanza económica. La reforma debe incluir una arquitectura institucional, con una definición precisa de los cometidos y responsabilidades, y el establecimiento de un sistema de federalismo fiscal, que comprenda esencialmente:
i) la capacidad de emisión de deuda común; ii) una unión bancaria, en la que el Banco Central Europeo debe superar su capacidad actual, limitada al mandato de la estabilidad de precios; iii) una unión fiscal, dotada de un Tesoro europeo y una herramienta presupuestaria con capacidad estabilizadora y redistributiva; y, iv) mecanismos de legitimidad democrática. Todos estos elementos conducirían a asegurar la sostenibilidad del euro y el funcionamiento óptimo de la Unión Económica y Monetaria.
i) la capacidad de emisión de deuda común; ii) una unión bancaria, en la que el Banco Central Europeo debe superar su capacidad actual, limitada al mandato de la estabilidad de precios; iii) una unión fiscal, dotada de un Tesoro europeo y una herramienta presupuestaria con capacidad estabilizadora y redistributiva; y, iv) mecanismos de legitimidad democrática. Todos estos elementos conducirían a asegurar la sostenibilidad del euro y el funcionamiento óptimo de la Unión Económica y Monetaria.
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